En brazos ya de la Sra. Jubilación, en la frenética vida moderna occidental el protagonismo de los mayores se difumina a un ritmo vertiginoso. Siempre hemos de salvar honrosísimas excepciones que no hacen sino confirmar a regla. Pero no todo va a ser negativo. A mi modo de ver, doblar el cabo de los sesenta resta mucha “presión” a la vida y, de alguna forma, nos permite ganar cotas de libertad íntima. El cuerpo se nos va viniendo “abajo”, pero la mente tiene su propio ritmo evolutivo y puede darnos mucho juego si somos capaces de seguir el rastro a “horizontes” más inmateriales. Sin ningún argumento concreto yo defendería, intuitivamente, que el empobrecimiento físico de nuestro cuerpo puede conducirnos a un enriquecimiento de nuestra vida psíquica y espiritual.
Una de las cosas que me apasiona de la vejez es la posibilidad que nos da de enfrentarnos, paso a paso, con la muerte. A mi me gusta tener “a la Sra. de la guadaña” bien a la vista. Así, mirándole de frente con desparpajo, puedo desenfundar mi “florete imaginativo” y desafiarle “a muerte” desde mi creencia firme en algún tipo de resurrección. Cuando algún amigo muere jamás acepto su “adiós”. Siempre lo acabo convirtiendo en un “hasta luego”, pensando en una lejanía mucho más próxima de lo que parece. Lejos, realmente lejos, está ese vecino, compañero o familiar con el que no me hablo. Por el contrario, quien permanece vivo en mi recuerdo, precisamente porque está bien vivo en algún otro lugar, ese si que está cerca. Está tan a mi lado que puedo llegar a “sentirle” como algo misteriosamente real.
Pasión por la vejez quiere decir, en mi fantasía futurista, llevar siempre la cabeza alta, bien asegurada por un par de anclajes. Buenas dosis de humildad asimilada a base de grandes o pequeños fracaso. La altivez razonable de quien posee un nivel de conocimiento, mayor o menor, bien contrastado por la experiencia. Quiere decir, también, fe en nuestra capacidad de interiorizar una mística preocupada por la racionalidad de los comportamientos humanos. Los “viejos” estamos de vuelta de muchas fantasías. Liberados de lo que hasta ahora hemos considerado obligaciones perentorias de cara a la familia y el trabajo, tenemos algo que decir en otros campos: la filosofía, la sociología, la política, la teología, etc.. Yo trato de olvidarme de mis “achaques” e intento ofrecer mi granito de arena, en forma de humilde aportación de experiencias y conocimiento. Le llamo “sumar”,….cuando me dejan!!