Categorías
Libro Reflexiones en la Vejez 2006

Epílogo: Reflexiones otoñales

Inmersos ya en un ambiente otoñal prenavideño, el sosiego adquiere un mayor protagonismo y nos permite replegarnos en determinadas experiencias vividas. Por ejemplo, cuatro generaciones de féminas, conviviendo bajo un mismo techo durante unas cuantas semanas. Una muñequita de un par de meses, su bisabuela de 94 años y el equipo de cuidadoras de edades intermedias. Imaginaros a vosotros mismos disfrutando de una luminosa “navidad” anticipada, en terrible contraste con la oscuridad de un “ocaso” con tintes invernales. El despertar de la vida junto a la llamada de la muerte. Sentimientos de alegría por cada incipiente sonrisa de la menor y pena por las lágrimas tristes de la mayor. Y como es natural, entre ambos extremos las tensiones propias de la exigente vida cotidiana.

Un cuadro así tiene tal fuerza expresiva que puede hacerte olvidar, con perdón de las respectivas hinchadas, tanto el fútbol como la política. El meollo de la cuestión está en que, al no prestar toda la atención a tan apasionantes y multitudinarios temas, te sumerges en otro tipo de elucubraciones. ¿Quienes somos realmente?. ¿Por qué nadie nos pide permiso ni para nacer, ni para morir?. ¿Por qué la vida es tan larga para unos y tan corta para otros?. ¿Que sería de la universal creencia en la resurrección de los muertos si todos llegáramos matemáticamente a los 100 años?. ¿Por qué, entre los cristianos, hay tanta persona mayor que no quiere ni oír hablar de la muerte?. ¿Que pasa con nuestra identidad personal, con nuestro yo, tras instalarnos en el descanso eterno?. ¿Qué……?. Aquí, amigo lector, te animo a que encadenes tus propias preguntas.

Alegría, tristeza, vida, muerte… ¿Hay alguna respuesta a tanta incertidumbre desde el corazón de la familia?. En este punto y desde una experiencia puramente humana me encuentro con la palabra amor y sus múltiples versiones. Quien mas, quien menos, todos hemos disfrutado de amores que dan vida y de amores que matan. Personalmente intento clasificarlos de algún modo, para poder huir de estos últimos. No me gustan ni el amor de dependencia, ni el amor posesivo, ni el amor narcisista. El primero te hace sentir atrapado por la señora necesidad. Con el segundo te crees dueño hasta de las personas a las que dices querer. El tercero es la quintaesencia del egoísmo y no te deja ver nada fuera de tu ombligo. Todos ellos son amores de muy poco recorrido, incapaces de resolver nuestros problemas. Siempre les falta algo para dejarnos plenamente satisfechos.

Afortunadamente la lista es mucho mas larga. Hay un cuarto amor enigmático y misterioso para los tiempos que corren. Podríamos llamarle el amor gratuito. El que no pasa factura, ni pide nada a cambio, ni espera ningún tipo de compensación. Un amor que, según vas entregándolo, te va dejando un poso de felicidad íntima inexplicable. Un amor que te convierte en un pequeño “dios” y te hace ver tanto la vida como la muerte en otra dimensión. ¡Esto también existe dentro de las familias ¡. Es importantísimo descubrir la clave de este amor tan peculiar que, si no me equivoco, solo se da entre los humanos. Con él si que se puede dar respuesta a muchas preguntas y resolver muchos de nuestros problemas.