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Desmotivados

No sé cuantos viernes de dolores mas hemos de padecer, oyendo al Sr. Rajoy anunciar recortes inevitables. Y tampoco sé cuanto tiempo mas va a seguir sin asumir la mas mínima responsabilidad. ¿Cabía esperar otra cosa?. ¿Para quienes trabajan él y su partido?. Dan que pensar hechos tan concretos como que entre sus votantes, por lo general con rentas medias mas altas que la mayoría social, encontremos a personajes como los Botín, González, Alierta, etc. No voy a cuestionar las decisiones del pueblo soberano, pero meter al “zorro en el gallinero” se me antoja de alto riesgo. ¿No sería pedir peras a olmo el que esta gente volcara sus esfuerzos en la redistribución de la renta?.

¡Ojalá! me equivoque, pero no les veo repartiendo la riqueza entre las clases sociales, las diversas generaciones y los individuos. Tampoco reduciendo poder y medios de la clase hiper-consumidora estatal. Ni disminuyendo la invitación al consumo ostentoso. Su clientela mas fiel se caracteriza por no consumir por una necesidad real, sino mas bien por reafirmar su estatus social. Así, en demasiadas ocasiones, para que el dinero corra se dedican a transformar la abundancia natural en escasez, a través de la creación artificial de necesidades. Esta forma de ser, que poco a poco ha ido calando también en las clases medias y hasta bajas, a golpe de propaganda, parece estar encerrándonos en un callejón sin salida. ¿Qué hacer?.Quienes tienen el dinero, pero también la batuta, lo tienen claro: no dar descanso a la danza de los recortes, eligiendo bien a los paganos. ¿Qué está ocurriendo?. Que es más fácil aplicar el hacha a la numerosa clase media trabajadora, que tocar el bolsillo de los peces gordos dueños absolutos del poder. ¡Que dañino el mal ejemplo de los grandes depredadores que se niegan a limitar su escandaloso consumo!.

Y es esas está el pueblo soberano, totalmente desmotivado e indignado. Se puede entender que todos nos hemos dejado arrastrar hacia la increíble costumbre de gastar lo que no tenemos, de despilfarrar, de tirar a la basura cosas aprovechables. Y como lo entendemos, estamos dispuestos a apretarnos el cinturón. Lo que no se puede tolerar es que se persiga implacablemente a la pobre gente y se vayan de rositas tantos ladrones de guante blanco. Resumiendo, sin una seria redistribución de la riqueza la salida del túnel se ve complicada. Si seguimos como hasta ahora, las abismales diferencias de renta y patrimonio entre la ciudadanía, acabarán siendo insoportables. ¿Quien le pone el cascabel al gato?.