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Sociología

La vejez como activo

En brazos ya de la Sra. Jubilación, en la frenética vida moderna occidental, el protagonismo de los mayores se difumina a un ritmo vertiginoso, aunque vayamos siendo cada vez mas. Por supuesto, siempre se han de salvar las honrosísimas excepciones que no hacen sino confirmar a regla. Pero no todo va a ser negativo. A mi modo de ver, doblar el cabo de los setenta, si no se nos han torcido demasiado las cosas, puede restar mucha presión a nuestra vida. De alguna forma, nos permite ganar cotas de libertad íntima. El cuerpo se nos va viniendo abajo, aunque no nos haya tocado pasar hambre, pero la mente tiene su propio ritmo evolutivo y puede darnos mucho juego. Comprendo que no todo el mundo tenga humor para poder hacerlo, pero a mi personalmente me ha resultado positivo el intentar seguir el rastro a horizontes más inmateriales. Sin ningún argumento concreto yo defendería, intuitivamente, que el empobrecimiento físico de nuestro cuerpo puede conducirnos a un enriquecimiento de nuestra vida interior, mucho mas intangible.

Una de las cosas que da vida a la vejez, en mi modesta opinión, es la posibilidad de enfrentarnos paso a paso con la muerte. A mi me gusta tener a la Sra. de la guadaña bien a la vista. Así, mirándole de frente con desparpajo, puedo desenfundar mi florete imaginativo y desafiarle a muerte, desde mi creencia firme en algún tipo de resurrección. Cuando algún amigo muere jamás acepto su adiós. Siempre lo acabo convirtiendo en un hasta luego, pensando en una lejanía mucho más próxima de lo que parece. Lejos, realmente lejos, está ese vecino, compañero o familiar con el que soy incapaz de comunicarme. Por el contrario, quien permanece vivo en mi recuerdo, precisamente porque quizá está bien vivo en algún otro lugar, ese si que está cerca. Está tan a mi lado, inmortalizado por mi profundo amor hacia él, que puedo llegar a sentirle como algo misteriosamente real.

Considerar la vejez como un activo quiere decir, en mi fantasía futurista, llevar siempre la cabeza alta, bien asegurada en un par de anclajes. Buenas dosis de humildad asimilada a base de grandes o pequeños fracaso. La altivez razonable de quien puede presumir de la experiencia adquirida en la universidad de la vida, con independencia de su nivel de conocimientos teóricos. Quiere decir, también, fe en nuestra capacidad de interiorizar una mística preocupada por la racionalidad de los comportamientos humanos. Las personas mayores estamos de vuelta de muchas fantasías. Liberados de lo que hasta ahora hemos considerado obligaciones perentorias de cara a la familia y el trabajo, tenemos algo que decir en otros campos: la filosofía, la sociología, la política, la teología, etc.. Yo trato de olvidarme de mis “achaques” e intento ofrecer mi granito de arena, en forma de humilde aportación de experiencias y conocimiento. Le llamo “sumar”,….cuando me dejan!!