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21/O: Renacer a la esperanza

El ocaso del letargo veraniego nos acerca a un otoño/2012 movidito, en el doble campo de la política y la economía. Ya se vislumbra en el horizonte un nuevo Parlamento en Gasteiz, con un label democrático del que carecía hasta ahora. Por fin se va a visualizar la presencia, en la cámara, de representantes de toda la ciudadanía vasca. Un hecho en si mismo bueno, digo yo, para todos los vascos de buena voluntad. La pregunta que surge a continuación es algo así como….¿ a quién vamos a sentar, los votantes, en ese novedoso hemiciclo que tantas ilusiones despierta?. ¿Que tipo de personas quisiéramos que nos lideren por las sinuosas sendas de la ninguneada identidad nacional vasca y de la preocupante crisis económica?. ¿Nos vamos a decantar por un abertzalismo empeñado en la superación de las carencias en nuestro SER vascos?. ¿Nos inclinaremos por un regionalismo, mas o menos vasquista, que prioriza el salvar nuestro TENER, aunque su distribución entre la ciudadanía deje bastante que desear?. ¿Hay un punto medio?.

Vamos a soñar. Este cambio de ciclo, que parece avecinarse, va a regenerar a la clase política. Entre las caras nuevas no habrá espacio para quienes llegan a la política, con la intención de situarse en la vida y resolver sus propios problema. La mayoría ocuparán escaño por un auténtico amor a su pueblo, capaz de arrastrarles un poco mas allá de su propio ámbito familiar y laboral. Serán gentes insaciables en la entrega a los demás. Personas que han sentido la necesidad de “desparramarse” por el barrio, el municipio, la nación, en círculos concéntricos de generosidad creciente. Destacarán por sus ganas inmensas de trabajar duro; pero sin darle demasiada importancia. Serán de las que saben conservar la lucidez y humildad suficientes como para no super-valorarse ni super-valorar su trabajo. Y, sorprendentemente, colmarán sus ambiciones con la alegría de servir, sin pretender ser servidos o servirse de los demás.

Concretando un poco mas y como colofón a tan magnífico sueño, ¿ por que no plantear una especie de código deontológico que sirva de guía a los nuevos parlamentarios?. Destaquemos cinco aspectos de lo que podría ser su renovada vocación de servicio.

  1. Amar el silencio porque en él se puede escuchar la voz de la propia conciencia. Será el mejor escudo protector ante el poder de “seducción”, casi irresistible, del dinero.
  2. Considerar el trabajo solidario y la perseverancia como los dos pilares básicos de todo éxito personal y colectivo. No dejar espacio para el triunfo individual rápido, como sea y a costa de quien sea.
  3. Dar prioridad a mantener el oído bien abierto ante los que claman justicia y no escuchar los cantos de sirena de la adulación, el servilismo o la mentira.
  4. Capacitarnos al máximo para dar, compartir o ayudar a vivir, a quienes luchan en desventaja en el “frente de la vida”.
  5. Aprovechar todas las oportunidades que nos ofrece un presente, puntual y concreto, sin dilapidar el tiempo persiguiendo utopías de futuro incierto.

Al despertar de esta especie de sueño de verano, no me resigno a perder la esperanza. Quiero renovar mi fe en cuantos, bien sea desde el Gobierno o desde la oposición, van a saber anteponer su amor a Euskal Herria y a sus gentes, a los intereses propios o de partido. ¿Servirán la precampaña y campaña, de estos escasos dos meses, para contrastar las ofertas de los partidos y ver cual de ellas es la mas equilibrada en cuanto al SER y el TENER de los vascos?. ¿Habrá que votar por el cambio, como protesta ante el torpe constitucionalismo español, aunque la amenaza de la ley de Murphy esté siempre presente?.