Categorías
Política

Atrincherados

Ya han pasado unos cien días desde que los ciudadanos de “a pie” emitimos nuestro voto y empezamos a ver con preocupación que nuestro protagonismo se difumina. El tiempo corre que se mata, pero la nueva legislatura avanza a paso de tortuga. Se habla mucho de las diversas problemáticas que afectan a la gente pero, a la hora de la verdad, las preocupaciones inmediatas de políticos y tertulianos parecen ir por otros derroteros. Resulta penoso el constatar el atrincheramiento de cada uno de ellos tras su verdad excluyente. ¿Cuanto habrá que esperar para que dejen de profanar la palabra diálogo, repitiéndola una y otra vez con intencionalidades poco claras?.

En plena era de la información y de la comunicación, sobre todo en el mundo socio-político, los monólogos parecen imponerse sin tener en cuenta toda la carga de parcialidad subjetiva que conllevan. Las tentativas de diálogo sano, abierto y constructivo, entre quienes mantienen un cierto protagonismo responsable, pasan a segundo plano. Los debates entre representantes políticos son auténticas guerras de trincheras, en las que todos parecen estar obsesionados en mantener su posición. Y sin embargo, ante la disparidad de opiniones y criterios o ante la pluralidad de sentimientos antagónicos, parece suicida cualquier negativa a abrirse a diálogos comunicativos, siempre clarificadores. Es precisamente a nivel mediático, interinstitucional y parlamentario, donde con más virulencia aparece la necesidad de dialogar, de hablar, escucharse sinceramente, intentando cada uno entender lo que se cuece en la trinchera del otro. Los partidismos y personalismos arrastran al personal hacia monólogos totalmente frustrantes. Creernos en posesión de toda la verdad, no hace sino situarnos en la desinformación y la confrontación.

Voy a fijarme por un momento en el Parlamento catalán, no contaminado por ninguna violencia armada contemporánea. ¿Qué es lo que define o marca el posicionamiento de cada catalán en una determinada trinchera política?. Yo diría que el considerar o no, a Cataluña, como un sujeto político soberano. Si quieren iniciar un diálogo constructivo, es esto lo que tendrán que poner encima de la mesa independentistas, soberanistas y unionistas catalanes. A partir de ahí, podrán dar pasos para escapar de sus trincheras respectivas e ir alcanzando acuerdos quizá de mínimos, pero sólidos y siempre respetuosos con las mayoría social catalana. Con ellos en la mano, mas temprano que tarde, los poderes fácticos españoles tendrán que salir también de sus trincheras.

Pero volvamos a nuestra Euskal Herria del alma. Aquí si que la violencia armada ha estado presente en los últimos setenta y cinco años. A este respecto, dialogaba con un buen amigo a raíz de mi reciente participación en la manifestación U12, en favor de los presos del MNLV. Recuerdo sus palabras: me dirás lo que quieras, pero desde el espeluznante atentado de Hipercor, soy incapaz de sentir compasión y reclamar justicia para esta gente. En este terreno, él marcaba su trinchera con claridad, obligándome a marcar la mía propia: el sanguinario bombardeo de Otxandio, en plenas fiestas de Santa Marina. Esto ocurrió unos cincuenta años antes y entonces las víctimas mortales, la mayoría inocentes por no estar en guerra con nadie, llegaron hasta sesenta y una. Yo mismo conocí a una madre que había perdido a su marido y a sus cinco hijos en aquella terrible masacre, cuando ya rondaba los noventa años. ¿Cómo olvidarlo?. En este punto surge la pregunta: ¿Soy yo el que debe abandonar la trinchera?. No creo que sean tan importante, en el relato histórico del conflicto político-militar vasco, los años transcurridos entre tan abominables crímenes. En este sentido, todos tendremos que salir de nuestras trincheras si queremos avanzar hacia una convivencia en paz. Superada la violencia armada, va siendo hora de pasar página, de unificar el relato histórico sin trampas y de concentrarse, al igual que en Cataluña, en la superación de las trincheras políticas. ¿Es Euskal Herria, un sujeto político soberano?. Eh ahí el quid de la cuestión. No saldremos del atasco sin clarificar este punto. Y sin embargo, nada es innegociable en política.

Habría que hablar abiertamente de las ventajas e inconvenientes de una Cataluña y una Euskal Herria soberanas, siempre dentro de la Unión Europea. ¿Por qué no va a ser beneficioso, para todos, el reconocimiento definitivo de estas dos nacionalidades históricas?. ¿Acaso España está dando a entender que sin ellas no es nada?. ¿Está dispuesta a mantener la unidad al precio que sea, desempolvando el art. 8º de su ya añeja constitución?. ¡Inaudito!. La península ibérica es y ha sido siempre Europa y sus ciudadanos europeos. Ahora acoge a tres sujetos políticos soberanos: España, Portugal y Gibraltar. ¿Qué inconveniente hay para que, en lugar de tres, acoja a cinco, todos ellos perfectamente integrados en la Unión Europea?. España seguiría siendo una, un poco mas pequeñita, pero al fin liberada de las tensiones derivadas de su empeño en mantener conflictos políticos con Gibraltar, Euskal Herria y Cataluña.

Aunque suene a utopía un poco cursi, vamos a ver si somos capaces de poner un poquito de unión donde predomina la discordia y un algo mas de sentido común allí donde pretende reinar el odio. El sacrificio que supone el intentar comprender, consolar y hasta perdonar, antes que ser comprendido, consolado o perdonado, quizá no sea el peor camino hacia esa verdadera convivencia en Paz y felicidad, tan anhelada por todos