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Desarrollo socio-económico armónico: la Bioeconomía

En nuestro opulento primer mundo hemos aceptado al “dios” crecimiento como único redentor capaz de liberarnos del drama del desempleo. ¿Y cómo se crece? Consumiendo cuanto más mejor, a todos los niveles. Para este fin nos hemos dotado de tres herramientas: una publicidad agresiva que incentiva el consumo, un crédito barato que nos permite comprar incluso sin dinero y una política más o menos intencionada de vida limitada de los productos duraderos (obsolescencia), para obligarnos a volver a la tienda cuanto antes. Con tantas tentaciones, facilidades y trampas, ¿cómo no caer en un consumismo descontrolado que nos arrastra a comprar, a veces, hasta lo que no queremos?

¿Qué hemos conseguido a golpe de ambición, egoísmo y falta de solidaridad, “virtudes” estas tan ligadas a la propensión al consumo? A menudo una felicidad herida y paradójica que llena de antidepresivos nuestros armarios. Asimismo, se hace patente nuestro fracaso generacional a la hora mejorar la calidad de vida de la mayoría de los habitantes del planeta. Los conflictos éticos, más o menos violentos, están servidos. Lo peor de todo es que, además de generar un porcentaje elevadísimo de insatisfechos e indignados, estamos poniendo en peligro la supervivencia de la madre Tierra. ¿Hasta cuando podrá resistir un consumo incontrolado de sus recursos naturales, acompañado de un vertido desenfrenado de desechos contaminantes?

Ante esta realidad los Estados occidentales, obsesionados hasta ahora por la lógica del crecimiento por el crecimiento, deben de reaccionar y volcarse en una refundación de lo político que nos lleve a pensar la economía, en el seno de la biosfera. De eso trata precisamente la Bioeconomía. La ciencia que investiga el impacto de la empresa humana sobre el medio ambiente y fija las reglas de juego necesarias para alcanzar un desarrollo socio-económico armónico. Es decir, un desarrollo que no haga tan feliz a las minorías privilegiadas y haga sufrir lo menos posible al resto de la gente. Y no solo esto sino que, además, defienda el medio ambiente y mantenga la capacidad de regeneración de la biodiversidad. En definitiva, se trata de revalorizar una actividad socioeconómica humanista que, sin menospreciar el capital monetario, dé la debida importancia al capital social y al capital biológico. El capitalista avaro, sin sentimientos y depredador debe de dar paso al progresista satisfecho con lo que posee, sensible a las necesidades de los demás y a las realidades sociales, económicas, biológicas y ambientales.

El mayor problema actual de la Bioeconomía es que exige atreverse a ir contracorriente. Para esta novedosa ciencia, la empresa humana es una economía de cooperación, confianza, justicia, fraternidad y compasión, capaz de conseguir crecimiento económico y creación de riqueza sin destruir la base biológica de la que depende. Al mismo tiempo, es una economía que no acapara para si los beneficios, dejando las pérdidas para los demás, e introduce el concepto de “crecimiento bioeconómico” en la idea de progreso postmoderno. El objetivo es priorizar un digno nivel de vida, el pleno empleo, la educación universal y la salud de la gente. Algo así como replantearse la lógica de un crecimiento sin límite del Producto Nacional Bruto (PNB), por lo general al servicio de minorías privilegiadas. La alternativa sería empezar a crear las condiciones para un cambio radical de nuestro estilo de vida, pensando seriamente en universalizar la Felicidad Nacional Bruta (FNB).

Hasta aquí un breve bosquejo de una teoría muy bonita y fácil de aceptar, que pone el máximo énfasis en los valores y conceptos sobre los que se asienta la Bioeconomía. El tema se complica un poco mas al pasar de la teoría a la practica. Precisamente, cuando se tratan de aplicar determinadas políticas económicas y de empleo “bioeconómicas”. ¿Estamos realmente preparados para debatirlas con serenidad y rigor, diferenciando bien las necesidades y exigencias del corto, medio y largo plazo? A corto plazo nos abruma el problema del desempleo. A medio y largo plazo la inquietud nos llega por las noticias alarmantes sobre el deterioro del medio ambiente y la acelerada destrucción de la biodiversidad. ¿Qué podemos hacer? ¿Por qué no plantear medidas distintas a lo que se viene haciendo hasta ahora, no con demasiado éxito? ¿Qué nos impide debatirlas abiertamente, analizando su viabilidad mas o menos inmediata?. Intentémoslo:

Productividad y tiempo de trabajo

En nuestro primer mundo, pensando en la gente, la biodiversidad y el medio ambiente, no se trata tanto de producir mas y mas, sino de consumir menos y mejor. El despilfarro es el enemigo público número uno. Así, cada vez resulta menos escandaloso afirmar que hemos de pensar, seriamente, en transformar las ganancias de productividad en reducción de tiempo de trabajo y en creación de empleo.

También se va interiorizando la importancia de volver a lo local. Indudablemente se pierde productividad, pero se reducen consumos intermedios como transporte, embalaje, publicidad, etc., con un ahorro claro de energía. Una agricultura biológica local que funcione a base de energía renovable y renuncie a técnicas contaminantes y equipos “energívoros”, tiene sus ventajas. Humaniza nuestra vida cotidiana y acaba generando empleo “verde”, al inducir incrementos en la producción de productos y equipos ecológicos. Por otra parte, generar nuevas actividades que nos permitan reparar y reutilizar determinados bienes, favorece la puesta en marcha de una pequeña industria local con sus correspondientes puestos de trabajo. Lo mismo podríamos decir del reciclado de desechos.

Es evidente la importancia del papel que han de jugar las administraciones locales, principalmente los ayuntamientos, en estos temas. Proporcionémosles medios y exijámosles una buena gestión. No parece tan absurda una selectiva moratoria a los grandes proyectos infraestructurales y la consiguiente liberación de recursos financieros en favor de lo local.

Servicios públicos y bienes de comunicación

Hay un enorme campo de actuación en la mejora de los servicios públicos: sanidad, educación, infraestructuras sociales para la atención de personas discapacitadas, etc… “Producir” salud, conocimiento y fórmulas de acompañamiento a las personas que por edad, enfermedad o accidente no pueden valerse por si mismas, además de generar empleo, humaniza y hace feliz a la gente mas necesitada. ¿Cómo puede faltar dinero para eso?

Por otra parte, impulsar bienes de comunicación como la amistad, el conocimiento, el intercambio intelectual, la participación en expresiones culturales de todo tipo, nuevas tecnologías, etc., supone abrir el abanico de las relaciones con los demás. Una buena fórmula para un buen vivir al alcance de todos y crear mas empleo. Las corporaciones municipales tienen mucho que decir, también en este campo.

En otro orden de cosas y a pesar de su complejidad, quizá va siendo hora de plantearse el tema de una renta básica ciudadana. Las diversas administraciones públicas saben muy bien que el único consumo a mantener, a toda costa, es el de las personas más desfavorecidas.

Búsqueda de fuentes de financiación

Dinero, dinero, dinero. ¡Cuanto abunda y que mal repartido está! Es la mercancía estrella dentro de una economía financiera que, de la mano del neoliberalismo y la globalización, ha adquirido una dimensión de escándalo. Carece de valor de uso (vil metal, papel, plástico, apuntes bancarios o fantasía virtual de la ingeniería financiera). Sin embargo, su valor de cambio es inmenso y al permitirnos comprar casi todo, menos la felicidad afortunadamente, despierta una codicia que está en la base de todas las desigualdades sociales. El mercado se siente cómodo bajo una “ley de la selva” en la que los ricos son cada vez mas ricos y los pobres cada vez mas pobres. Y no sólo eso sino que se encabrita cuando alguien pretende imponerle una redistribución de la renta. En estas circunstancias, ¿qué pueden hacer las administraciones publicas, además de reducir el gasto por la vía de los presupuestos? No tienen otra alternativa que intervenir con la herramienta de la fiscalidad.

La globalización exige diferenciar la reforma fiscal a nivel nacional de los proyectos fiscales que se han de apoyar a escala mundial.

En el Estado español ha habido y seguirá habiendo muchas reformas fiscales, porque son de parcheo y nunca se le pone el cascabel al gato. Se pone el énfasis en lo mas fácil, los impuestos indirectos. A los directos a las grandes fortunas, ni tocar o limitarse a acariciarlos suavemente. Ahora mismo con los aumentos en el IVA, en el gravamen a la gasolina y en las tasas generalizadas a los artículos de consumo, etc., se va saliendo del paso. Por el contrario, los intentos de reimplantar el impuesto al patrimonio, tocar las SICAV, etc., suscita tales debates que cuesta muchísimo avanzar.

Como medidas fiscales transnacionales, me limito a plantear unas cuantas, con la única intención de suscitar un debate mas:

  • Un impuesto a la riqueza a escala mundial que ayude a erradicar los paraísos fiscales, suprimiendo el secreto bancario.
  • Una fiscalidad financiera global, pensada para combatir la especulación, aplicable a las transacciones en Bolsa.
  • Una tasa unitaria adicional a las ganancias de las multinacionales.
  • Una tasa a las emisiones de carbono.
  • Un eco-impuesto que integre los costes de la construcción y mantenimiento de infraestructuras viarias, en los costes generales del transporte.
  • Una tasa a desechos nucleares de larga duración.

A medio plazo se ha de evitar que transnacionales y capital financiero internacional sobrevuelen los Estados-nación, sin ningún contrapeso político.

Como conclusión pediría que las cabezas pensantes volvieran desapasionadamente la mirada hacia la Bioeconomía. Una ciencia que tiene muy presente la unidad de la vida humana con su base biológica y propone el paradigma del desarrollo bioeconómico. Algo que va mas allá del crecimiento económico, al asegurar los intereses del presente y los de futuras generaciones, tanto en los aspectos cuantitativos como cualitativos. Para avanzar en el tema, tenemos que desarrollar un proceso educativo interdisciplinario, abarcando la Biología, la Economía y el Conocimiento en general. Objetivo: dar mas importancia al “saber vivir” que al “saber hacer”.