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Recuperar el tiempo perdido

Se nos está poniendo de moda la palabra “quimeras”. Hace unos años recibieron este calificativo las clarísimas ideas de Juanjo Ibarretxe, bien detalladas en su denostado Plan (ya ha escrito un par de libros al respecto). Ahora le toca el turno al Sr. Mas y parece que nos asomamos a un “más de lo mismo”. ¿Cual es la diferencia? Algo así como que Cataluña no es Euskadi y pone en evidencia el crecimiento exponencial de la torpeza política de Madrid. ¿Se volverá a cometer el error de dar la espalda a un soberanismo amable? ¿No va siendo hora de dar paso a un proceso reflexivo abierto, participativo, flexible, legal y democrático? ¿Cómo es posible que no estemos vacunados aún, contra la prepotencia de los mas inmovilistas y la impaciencia de los mas independentistas?.

Entre nosotros, afortunadamente, se está haciendo un gran esfuerzo para plantear la confrontación política en “clave positiva”. No entiendo, a estas alturas, cómo puede seguir habiendo gente capaz de rasgarse las vestiduras, ante planteamientos nacionalistas repetidos una y otra vez. Veamos algunas de las propuestas:

Una mayoría significativa de la ciudadanía vasca siente y defiende, con terca contumacia, que Euskadi es una nación. Pues bien, parece lógico que se quiera hablar, con España, del reconocimiento jurídico de esta realidad y de la capacidad de los vascos de decidir sobre su propio futuro político.

La mayoría de los vascos residentes en la C.A.V quiere que se normalicen las relaciones políticas con el Reino de Navarra. Partiendo del máximo respeto a la voluntad de los navarros, ¿por qué no plantear este tema con naturalidad? ¿Hay algo mas lógico y natural que hablar entre vecinos?

Algo parecido ocurre con Iparralde, Le Pays Basque. Allí la presencia abertzale es mucho mas reducida, pero eso no debe de impedir que se trate de avanzar en las relaciones políticas entre ambas comunidades.

¿Cómo no proponer, en una mesa de diálogo, la constitución de un Poder Judicial vasco autónomo dentro de un contexto Europeo? Esto también es algo que cae por su propio peso, cuando tantos y tantos vascos defendemos el “ser” de la Nación vasca.

Siguiendo con la lógica de “somos una Nación”, parece normal el negociar una especie de blindaje de las Instituciones propias, para que puedan decidir lo que tengan que decidir, sin ninguna clase de ingerencias externas.

En línea con lo anterior, sería absurdo que los vascos no planteáramos la necesidad de preservar nuestra identidad a través de la cultura, la lengua, la educación e incluso de las selecciones deportivas.

Asimismo, los vascos estamos convencidos de que un ámbito laboral, económico y de protección social propio, solidario con nuestro entorno, sería beneficioso para el conjunto del Estado español. ¡Hay que hablar de eso también!

La lista de temas se hace interminable, pero no quiero dejar de mencionar el deseo de los vascos de gestionar nuestros recursos naturales e infraestructuras. De establecer un sistema de garantías, pactadas con el Estado, sobre competencias exclusivas. De tener, en fin, voz propia en Europa y en el mundo.

Veamos lo que se puede hacer con todos estos temas, civilizadamente, desde nuestra madurez intelectual. En primer lugar, quizá tratar de recuperar el tiempo perdido. Dicho esto, no olvidemos que dentro de la “aldea global” somos privilegiados. Por de pronto, bastantes de nosotros estamos entre los que mejor vivimos, es decir, entre los que disfrutamos de una envidiable “soberanía individual”. Así que, en Euskadi no cabe una “impaciencia soberanista colectiva”. Hacia la “construcción nacional” debemos caminar, sin prisa y sin pausa, apoyándonos únicamente en la fuerza de la razón. Una fuerza capaz de seducir a las masas. Se trata de lograr, dentro de nuestro ámbito de decisión y con el sujeto político bien definido, las mayorías estables sobre las que asentar una democracia auténtica.