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En el día después

Ya ha llegado el 22-O y ahora podemos manejar datos reales. La ciudadanía ha vuelto a mostrarnos su alma política y a todos nos toca sacar nuestras propias conclusiones. Las circunstancias concretas no varían de un día para otro así que, en la vida real, siguen sobre el tapete el drama del desempleo y la pobreza de las capas sociales mas desfavorecidas. ¿Cómo se va enfrentar con el problema la Euskal Herria política?. ¿Qué acuerdos va a ser capaces de alcanzar las cúpulas de un regionalismo en franco retroceso, con las de un soberanismo e independentismo, en pleno apogeo, disputándose el liderazgo?.

Estando donde estamos, hablando de economía parece llegada la hora de intentar buscar alternativas a un capitalismo neoliberal. Ya vale de preconizar un desarrollo que beneficia a las minorías privilegiadas y hace sufrir al resto de la gente. Replanteémonos la dominante lógica de un crecimiento sin límite del producto Nacional Bruto (PNB), que acaba siempre beneficiando a los mas ricos. Los nuevos tiempos exigen crear las condiciones necesarias para universalizar la Felicidad Nacional bruta (FNB). Esto solo se consigue avanzando hacia el pleno empleo, la educación universal, un sistema de salud que dignifique la vida de la buena gente, etc.. ¿Cómo se hace eso?. No lo se, pero no se logrará sin revalorizar una actividad socioeconómica humanista que se sustente en la solidaridad, la cooperación, la justicia distributiva, etc., sin repensar conceptos como riqueza y pobreza, sin reestructurar, relocalizar y reducir las producciones, sin mejorar los sistemas de reutilización y reciclaje, sin redistribuir los bienes materiales disponibles, sin….

Dicho esto y aceptando las reglas del primun vívere, ¿hasta que punto conviene aparcar el deinde philosophare referido el aspecto político de la cuestión?. Porque, estemos como estemos, para muchos vascos Euskal Herria es una Nación y consideran como algo muy positivo, también para superar la crisis, el reconocimiento de esta realidad, en España, Europa y el Mundo. Tanto el soberanismo como el independentismo no descansarán hasta conseguir el derecho de autodeterminación política; hasta que nuestra identidad cultural deje de estar en peligro; hasta que no se normalicen las relaciones políticas entre la CAV, Nafarroa e Iparralde; hasta que no tengamos voz propia en U.E.; hasta que no dispongamos de nuestro propio Poder Judicial; hasta que no funcionemos dentro de un ámbito laboral y de seguridad social también propio; hasta que no controlemos nuestros recursos naturales e infraestructuras; hasta no pactar, con el Estado español, unas garantías que blinden nuestras competencias exclusivas; hasta….

Es evidente que toca negociar hasta el amanecer. Hasta ahora la CAV funciona con un Estatuto al que están anclados los regionalistas del PP y PSE. Los soberanistas del PNV trabajan sobre un nuevo status, que no puede sino seguir la estela del casi apolillado proyecto de Estatuto ya aprobado por la Cámara vasca. Por su parte los independentistas de EH Bildu han presentado sus bases para futuros acuerdos. Por lo tanto, las cartas están sobre la mesa, esperando que los líderes políticos se sienten y se pongan a trabajar. No saldremos del agujero si no lo hacen pensando en Euskal Herria, es decir, en todos y cada uno de los ciudadanos que la conforman, con un espíritu desbordante de solidaridad.