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De pajarillos, lirios y pobres

Incluso en nuestra opulenta Euskadi, en tiempos de crisis los pobres se nos multiplican a ojos vista. Todavía no parece llegado el momento de ver a la gente desnuda o muriéndose de hambre, como por esos mundos de Dios, pero sí pasándolo realmente mal. Ante la magnitud del problema, imposible para un cristiano el no hacerse preguntas. ¿Por qué la inmensamente rica Iglesia Católica de los pobres descarga su responsabilidad en manos de la “divina providencia”? ¿No sería conveniente que practicara lo que predica, mostrando un poco más de sensibilidad ante los problemas de tantas y tantas personas necesitadas? ¿Cree suficiente el refugiarse bajo los pañitos calientes de Cáritas diocesana?.

Al visualizar la miseria material en amplios sectores de nuestro Mundo mundial cuesta entender frases evangélicas tan contundentes como estas:

“No os afanéis por vuestra vida, por lo que comeréis o beberéis, ni por vuestro cuerpo, cómo os vestiréis. Mirad los pajarillos del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, los alimenta vuestro Padre celestial. Y por el vestido, ¿de qué os afanáis? Observad cómo crecen los lirios del campo: no trabajan ni hilan, pero os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió jamás como uno de ellos”.

¿Cómo interpretar estos textos, (Mateo 6, 25-34), cuando en el día a día se ve lo que se ve? Por ejemplo, que la Jerarquía romana que se nos ha mostrado en todo su esplendor, en el reciente Sínodo, sí que viste incluso mejor que Salomón. Pero, que yo sepa, con trajes cosidos por sastres especializados, con tarifas solo al alcance de bolsillos privilegiados. Y hablando de hambre, me gustaría conocer el menú de los ágapes que preparan los cocineros al servicio de los príncipes de la Iglesia. Claro, porque todos estos santos varones también necesitan que se les dé de comer y probablemente bastante bien.

De todos modos, limitarme a la crítica y la denuncia me desasosiega. La sensación de no estar solo ni en las peores circunstancias me obliga a seguir dándole vueltas al misterio del Padre celestial. ¿Qué significa eso de ”la vida vale más que el alimento y el cuerpo, más que el vestido”? Yo sé cómo me preocupo de mis hijos y nietos. ¿Pero cómo lo hace el Dios/Padre que conoce tan bien las necesidades de quienes se mueren de hambre y frío? ¿Qué tipo de alimento y vestido inmaterial les proporciona, para que puedan resistir chapoteando en la miseria más absoluta?

Me siento incapaz de resolver el enigma. Y sin embargo, me cuesta creer que las personas que conformamos la Humanidad nos dediquemos a inventar historietas, con la única intención de eludir nuestras propias responsabilidades. ¿Quá se esconde tras la sonrisa de esas criaturitas que, siendo mucho mas que pajarillos y lirios, sobreviven en condiciones infrahumanas en demasiados rincones del planeta Tierra?