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Ausencias en el 21-O

Acaba de arrancar, en la CAV, una campaña electoral especialmente marcada por las circunstancias políticas y económicas del momento. Por una parte, el soberanismo y el independentismo están en plena efervescencia. Por la otra, el desempleo y la pobreza sacuden con virulencia a las capas sociales mas desfavorecidas. Y en estas condiciones, a la ciudadanía de a pie le toca decidir el sentido de su voto individual e intransferible. ¿Nos quedamos en casa desilusionados y decepcionados, por la incompetencia o corrupción de las castas políticas?. ¿O nos acercamos a la urnas, con ilusión y responsabilidad, convencidos de que las cosas pueden cambiar a mejor?. Mi respuesta personal es clara. Mi intención es ir a votar, por al menos un par de motivos:

En primer lugar, desde el punto de vista político, porque Euskadi es una Nación y me ilusiona aportar mi granito de arena en favor del reconocimiento de esta realidad, en España, Europa y el Mundo. Los soberanistas vascos no podemos descansar hasta no conseguir nuestro derecho de autodeterminación política; hasta que nuestra identidad cultural deje de estar en peligro; hasta que no se normalicen las relaciones políticas entre la CAV, Nafarroa e Iparralde; hasta que no tengamos voz propia en U.E.; hasta que no dispongamos de nuestro propio Poder Judicial; hasta que no funcionemos dentro de un ámbito laboral y de seguridad social también propio; hasta que no controlemos nuestros recursos naturales e infraestructuras; hasta no pactar, con el Estado español, unas garantías que blinden nuestras competencias exclusivas; hasta….

En segundo lugar, desde el punto de vista económico, porque es hora de buscar alternativas a un capitalismo neoliberal. Ya vale de preconizar un desarrollo que beneficia a las minorías privilegiadas y hace sufrir al resto de la gente. Va siendo hora de replantearse la lógica de un crecimiento, sin límite, del producto Nacional Bruto (PNB), en beneficio de los mas ricos. Los nuevos tiempos exigen crear las condiciones necesarias para universalizar la Felicidad Nacional bruta (FNB). Esto solo se consigue avanzando hacia el pleno empleo, la educación universal, un sistema de salud que dignifique la vida de la buena gente, etc.. No se logrará sin revalorizar una actividad socioeconómica humanista que se sustente en la solidaridad, la cooperación, la justicia distributiva, etc., sin repensar conceptos como riqueza y pobreza, sin reestructurar, relocalizar y reducir las producciones, mejorando los sistemas de reutilización, reciclaje, etc., sin redistribuir los bienes materiales disponibles, sin….

Con las ideas claras sobre lo que quiero para Euskal Herria, vuelvo la mirada hacia las candidaturas, las personas que las encabezan y las propuestas de los partidos que les apoyan. En este punto no puedo evitar el hacer una pausa y lamentar lo que para mi son dos ausencias muy significativas. Como os podréis imaginar, me estoy refiriendo a Juanjo Ibarretxe y a Arnaldo Otegi. Me encanta leer sus ideas, pero me hubiera gustado dejarme embriagar por su entusiasmo, al debatirlas en la primera línea del frente. ¿Cuanto han cambiado las cosas desde aquel 2001 en el que el soberanismo se impuso, con contundencia, frente al regionalismo y el independentismo?. ¿Cual será el precio a pagar por la tibieza del soberanismo peneuvista a lo largo de estos once últimos años?. ¿Hasta donde llegará la coalición liderada por la Izquierda Abertzale, en una Euskadi en paz?

Pero dejemos el pasado y volvamos al presente. Descartado el regionalismo del PSE y del PPE, en una Euskadi Nación, la pugna se va a librar entre el soberanismo de un PNV obligado a definirse con claridad, y el independentismo de EH Bildu obligado, a su vez, a demostrar su capacidad de gestión. Con el corazón en la mano y sabiendo que a la vuelta de la esquina acecha siempre la ley de Murphy, debo confesar que mis simpatías se decantan, hoy por hoy, por Laura Mintegi.